La posición de Marruecos estuvo clara desde el principio, del hecho de que el secuestro de Ould Sidi Moulud “no es ni legal, ni aceptable a niveles político, diplomático, jurídico o de los derechos humanos”, precisó el ministro en una declaración a la prensa, poco antes de la reunión del Consejo de Gobierno.
Agregó que este militante debe poder “reencontrarse con cualquier persona que desee, en particular su familia”.
Marruecos, dijo el ministro, obró para la movilización del conjunto de las fuerzas políticas nacionales así como los componentes de la sociedad civil, apoyadas por varias instituciones internacionales y de Naciones Unidas, para llevar Argelia y el polisario a liberar a Ould Sidi Mouloud, secuestrado el pasado 21 de septiembre por la milicias del polisario.
Este asunto puso al desnudo la posición de Argelia y del polisario, marcada por la rigidez, la obstrucción y el rechazo del diálogo, notó Fassi Fihri.
Argelia y el polisario han montado “la cuestión de los pretendidos perjuicios a los derechos humanos en nuestras provincias del sur y obstaculizaron el proceso de negociación y la iniciativa marroquí de autonomía”, que creó una nueva dinámica en el proceso de negociaciones y que obtuvo el apoyo a nivel internacional, afirmó.
Fassi Fihri destacó que la cultura del pensamiento único y la mentalidad arcaica que remonta a los años 70 del siglo pasado, propias a los separatistas, están detrás de las actitudes fijas que han privado a los secuestrados de los campos de Tinduf del derecho al censo que les habría permitido hacerse identificar y elegir quedarse en los campos de la vergüenza o volver a Marruecos y reencontrarse con sus familias.
Estos derechos elementales al censo y a la libertad de circulación y de expresión quedan todavía enfrentados a un muro erigido por una institución militar sobre los escombros de tesis obsoletas, en un mundo que ha cambiado profundamente, lamentó el ministro.
Marruecos se había congratulado por el anuncio, el miércoles, de la liberación de Ould Sidi Mouloud, secuestrado cuando se dirigía hacia su lugar de residencia habitual, en los campos de Tinduf sobre el territorio argelino.